
Estas palabras están inspiradas a raíz de la marcha de neonazis para conmemorar el aniversario de la muerte de Marcos Briones Castillo, neonazi asesinado en el enfrentamiento con hinchas del Colo-colo, el 11 de marzo del 2007, en plaza Italia, Santiago de Chile.
Primero que todo es necesario mencionar, como marco teórico, que toda ideología, trae incorporado dentro de su intrínseco código de barras, un fundamentalismo acérrimo, que sólo se ve manifestado en la práctica que el hombre realiza de la ideología, y no necesariamente en sus líneas textuales conceptuales mismas. Por tanto, cualquier ideología que sea practicada y respetada íntegramente por sus seguidores, es susceptible, en algún grado, de ser fundamentalista. Esto significa, según la RAE, la exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida.
Desde un punto de vista histórico, muchos de nosotros tendrán conciencia que los nazis llevados de la mano por Hitler, en el escenario de la Segunda Guerra Mundial, fueron capaces de cometer genocidio de la forma más brutal, llamada “holocausto”. Si bien, dictaduras y oligarquías asiáticas, africanas y árabes han actuado de forma similarmente brutal – hasta el día de hoy – incluso para con su propio pueblo (y porqué no mencionar las dictaduras latinoamericanas también), la gran mediatización de esta guerra en específico, y su carácter mundial que se proyectó más allá de una guerra civil, estimulado por las políticas exteriores de Estados Unidos por una hegemonía política, evidenciaron el nivel de descriterio de un gobierno por ocupar completa y absolutamente todos los medios posibles para fines puramente ideológicos y políticos. Sin reparar jamás en una pedestre concepción h
umana: la vida misma.
El término de este significativo hecho marca para la cultura que se autodenomina occidental – y para su burocracia – un “antes y un después”, concretado en la implementación del concepto que hoy día conocemos como “Derechos Humanos”, y el resurgimiento de las actuales “Naciones Unidas” (ONU).
Sin detenernos en ideales racistas, homofóbicos, xenofóbicos, antidemocráticos, e inconsistentes que esta ideología presenta al estar operando en Chile (véase en Wikipedia Neonazi), por esta vez analizaremos específicamente un particular hecho que pone en evidencia la acción sistemáticamente contradictoria del Nacionalsocialismo.
Como ya mencionaba en el encabezado, el enfrentamiento de dos grupos sociales marginales de alto riego para el orden público, como son los neonazis y los hinchas del equipo de futbol “Colo-colo”, dejaron como consecuencia el asesinato del nacionalsocialista Marco Briones Castillo, el que fue acuchillado y muerto desangrado en la Posta Central, el pasado 11 de marzo del año 2007. Sus familiares acusaron la inoperancia de Carabineros, al ser espectadores pasivos de la situación, y de no actuar con forme a la ley en lo que respecta a los derechos civiles.
Condeno completamente la discriminación en cualquier forma y contexto posible. Carabineros de Chile DEBE resguardar el orden público por sobre todas las cosas, y no seleccionar a cuál grupo social hacer valer sus derechos.
Sin embargo, de este último hecho, sigue como consecuencia la conmemoración del aniversario de tal asesinato, el 11 de marzo recién pasado, en el mismo lugar de ocurridos los hechos.
Un grupo significativo de neonazis se congregaron en plaza Italia para denunciar el acto que aún no tiene culpables sentenciados, siendo impune todavía para quién lo cometió, y dignificar, y honrar la muerte de su camarada.
No hay que ser un gran pensador para ser capaz de darse cuenta que los neonazis dirigen toda su artillería ideológica a plantear un estado totalitario en donde se prohíbe rotundamente, justamente la libre expresión de ideologías contrarias al mismo. Por tanto, la manifestación nacionalsocialista atenta justamente en contra del mismo beneficio que estos disfrutan en una democracia: la libre expresión. Este grupo, pretende divulgar ideas no democráticas, en democracia, es decir, pretende revocar el paradigma de la libertad, imponiendo una dictadura, que eventualmente no aceptaría la posición que ellos, en estos momentos, tienen dentro del aparato Estatal. Estarían criticando eso mismo que en estos momentos los hacen estar presentes y no privados de su libertad. Serían contrarios a aquella libertad, a pesar de ser esa misma libertad lo que los hace seguir coexistiendo con el resto de ideologías (socialistas, punks, etc.)
Esta particular y profunda contradicción, se ve acentuada con esta marcha conmemorativa, ya que, se materializa uno de los íconos por excelencia de la libre expresión en democracias occidentales: la protesta.
La protesta es la forma más evidente y empírica (y mediata) de observar el funcionamiento de una real democracia, que respeta tanto a la mayoría, como a la minoría excluida de una sociedad, al dejar que esta misma exprese y haga pública los eventuales atropellos e injusticias que considere relevantes de dar a conocer.
En ese sentido, los neonazis chilenos, no sólo al ser partícipes de su propia doctrina, sino al realizar y organizar una marcha en protesta por la muerte de un compañero, están cayendo, tal vez sin darse cuenta, en la contradicción más grande que se les pueda demostrar: la inconsistencia de su propia doctrina, de una forma que no requiere ni siquiera del estudio exhaustivo de su estructura interna. Sólo requiere de una mirada analítica, de una cognición relativamente simple de los hechos que ellos mismo protagonizan. 
No pretendo con esto subestimar la racionalidad de los integrantes de este grupo extra político. De ser así, estaría cayendo exactamente en el mismo juego de subestimación que estos tienen para con el resto de la población. Sino que, lo que pretendo con estas palabras, y este breve análisis es poner en evidencia, una vez más, como el fundamentalismo de distintas doctrinas atenta en contra de la capacidad crítica individual de las personas, y las incapacita para pensar por sí mismas. Haciéndolas dependientes, intelectualmente, de sus líderes más próximos.
El fundamentalismo, por tanto, tiende férreamente a la falta de criticismo racional de las personas hacia su propio actuar, desintegrando su capacidad de abstracción.
Esa ejemplar característica humana nos hace vernos a nosotros mismos desde una perspectiva distinta de la que comúnmente poseemos, volviéndonos personas más integrales, y por sobre todo, mejores, ya que vamos aprendiendo de nuestros propios errores. La destrucción, o la inhibición de ella nos hace comportarnos de una forma completamente indiferente hacia el resto de nuestros pares.
El fundamentalismo neonazi, en definitiva, los hace incapaces de ser integrantes de la más bella (y necesaria) virtud humana; la de ponerse en el lugar del otro.
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