miércoles 5 de marzo de 2008

UN FINAL BRUTAL

Quienes me conocen pueden decir, al igual que yo, que la inexpresión escrita es el ejercicio que tal vez, sea el más lejano a mi persona. Muchos pueden dar fe de aquello. Porque una buena manera de comprender y digerir situaciones de un nivel de complejidad tal, es justamente escribiéndolas, materializándolas en una hoja escrita (real o virtual), para ser de alguna forma apreciada desde una perspectiva algo más integral, y también para ser liberada de nuestras mentes.
Sin embargo, hay momentos en que el sopor de ciertos contextos supera nuestro nivel de tolerancia y nuestro nivel de comprensión, que no podemos hacer otra cosa sino guardar silencio e intentar pensar en algo más. No podemos verla con una forma definida porque ni siquiera podemos formarnos una imagen de eso.
Hoy estuve profundamente inverso en justamente ese tipo de situación. No voy a negar que ser partícipe de este pseudo transe es muy enriquecedor, desde un punto de vista emocional, pero no dejo de pensar que simplemente esta reacción es consecuencia de la vulneración de un fibra arraigada muy dentro de lo que permite observar el autoconocimiento.
Desde hace ya varias semanas que sigo muy atentamente Six Feet Under, y hoy, el 2008 recién, he logrado ver su final.
No voy a entrar en cumplidos colectivos sobre el último capítulo específicamente; de eso hay mucho ya en los blog escritos con más sensibilidad y mucho más talento del que yo poseo, sino que voy a hablarles de una manera completamente personal.
Puede que sea el mejor final de la historia en lo que a series yankies se refiere, puede que sea la más perfecta composición del sustrato de lo que puede significar la vida y la muerte en nuestras diminutas existencias, y puede que haya llorado un poco más con este capítulo que lo que lloré viendo Dancer in the Dark. Pero lo que está claro es que jamás he visto retratado audiovisualmente de forma tan brillante, y en los 9 últimos minutos, lo grandiosamente simple que somos como entes orgánicos y vivientes.
Este final brutal fue transmitido el 2005, y no me parece un despropósito dedicarle un pequeño homenaje en el 2008, porque creo que jamás será tarde para recordar a Six Feet Under, la que se ha convertido en la mejor historia que he visto hasta lo que llevo de vida, con la que he podido llegar a comprender el sentido del arte, de la emoción, de la muerte.
Puede que siempre vuelva a llorar cuando vea el final nuevamente, pero no puedo hacer nada al respecto, porque se mete con todo eso que está escondido en mi cabeza, que está al final de todo lo demás: el tiempo y la vida, que finalmente termina siendo nuestro tiempo y nuestra vida, y lo que queremos hacer con ella por mientras somos jóvenes, por mientras nos queda aún mucho camino por construir, por mientras seguimos teniendo las fuerzas para ser la personas que queremos ser. Si se mete con eso, entonces no me queda más que llorar, no de pena, sino de una emoción que desborda por su grandeza y simplicidad, que no puedo encasillarla con el resto de sentimientos a los cuales les hemos puesto algún nombre para identificarlos. Una emoción abstracta pero que puedo sentirla en todo mi cuerpo.
Hubiese deseado que todos hubieran visto y experimentado lo que yo viví: un proceso personal e íntimo no con nosotros y nuestra cabeza, sino con lo que está fuera de ella, y que nos hace vulnerables, y que nos hace darnos cuenta que nuestra luz brilla tanto y tan poco a la vez.

6 Ociosos:

Suscribirse a: Enviar comentarios (Atom)